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Escrito por Diana Urrego
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En menos de dos semanas se cumplirán nueve años de mi matrimonio con el griego loco. Han sido nueve años de vida y crecimiento; nueve años de rutina y convivencia pacífica, alegrías, tristezas y amor. No es que el amor sea menos grande por haber caído de último en la lista; todo lo contrario: pienso que el amor ha tenido la culpa de que la "labor" de estar casados haya sido exitosa hasta ahora. Digo hasta ahora porque me abruma la cantidad de separaciones, luego divorcios y dramas que vivo a través de amigos y conocidos en Rodas.
Mi rutina como mujer casada -y hace 4 años y medio como madre también- ha cambiado muchas veces y no todos estos cambios se debieron al matrimonio en sí o a la maternidad que es realmente el mayor cambio pragmático que ha habido en mi vida. Dichos cambios de hábitos y actitudes han tenido todo que ver con el hecho de que ahora no estoy sola en ningún momento de mi existencia. Nunca me sentí solitaria, aclaro, pues siempre he sido persona de familia, amigos, compañeros de trabajos y hasta desconocidos. Me he preciado de ser sociable al extremo y por lo tanto, lo que cambió no fue mi entorno rodeado de personas. Cambió mi forma de percibir el mundo.Cuando cambié de país y de idioma y de comidas y de horario, etc. etc. etc., lo que más me costó trabajo fue despertar en las mañanas y encontrarme en una cama extraña que no olía a la ropa de cama de mi casa familiar. Cuando este olor cambió, la cama extraña se convirtió en mía. Quiero decir con esto que los cambios de residencia, país y estado civil no fueron cambios que me produjeron miedo o inseguridad. Todos los cambios que he vivido desde que me enamoré de Yanni han sido bienvenidos y aceptados con una calma más que razonable pues ahora ni me acuerdo del momento en que dejé de percibirlos como diferencias. Ahora que miro atrás, sobre todo cuando cuento en mi blog mi historia de amor con Yanni, me doy cuenta de que me he adaptado fácilmente a lo nuevo, a lo diferente. ¿Cuáles son entonces cambios que considero difíciles? Pues bien, creo que el cambio de clima me parece todavía traumatizante! ja! exagero a propósito pues no veo la manera de que me guste más el frío que el calorcito de Cali. No prefiero la humedad a la temperatura casi insoportable del mediodía en mi Cali. Después de nueve años, todavía me entristece que me anuncien a mediados de junio, que el día empieza otra vez a hacerse más corto. Del trópico al Mediterráneo, esto es algo inevitable y aún así, es más difícil de aceptar que el hecho de que todos mis movimientos dependen ahora de lo que es bueno para mi familia, antes que para mí. Compartir la vida y las decisiones con mi familia ya es algo que disfruto y pienso que sería imposible tomar una decisión importante -o banal incluso- si no la he discutido en profundidad con Yanni. No se me ocurre casi nunca salir a dar un paseo por la tarde si no he invitado primero a mi hijo Giorgos a que me acompañe; no le veo sentido al paseo si no viene él conmigo. La rutina es, entonces, la mejor manera de llevar una vida feliz. Compartir dicha rutina es la mejor manera de quitarle la connotación negativa que hemos dado a esa palabra. Para no quedarme con dudas, busqué la etimología de la palabra "rutina" y me encontré con algo que no me sorprendió mucho: viene originalmente de la raíz francesa "route" o sea, ruta y en el diccionario etimológico que la incluye dice que "routine" empezó a significar camino trillado desde mediados del siglo XVI. Hasta el presente, el mundo entero se queja de la rutina. Pues confieso que me gusta mi camino trillado y que, ya sea si se queda como está o cambia, no me importa. No es nada probable que se quede estática pues no solamente mi hijo está creciendo y convirtiéndose en una personita cada día más misteriosa y digna de observar por años sino que también mis personas amadas y yo misma tenemos cada día algo nuevo que aportar a esta dichosa rutina. |
Ya te estaba extrañando, me gustò mucho tu relato tanto como los anterores y el comentario de tu mamì magnìfico.
Saludos, besitos para todos.
Los quiero.